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martes, 13 de septiembre de 2011

La chica del Bronx

Había una vez, una chica, que vivía en el Bronx, con su madre. La calle donde vivía, era la calle con más cotillas del borough. Ella se llamaba Diminutas gotas de agua del alba.

Ella iba todas las mañanas a casa del Lobo feroz, donde trabajaba de P.A (personal asistant), donde trabajaba siempre con gran fervor, decisión y dedicación. Eso sí, al igual que en estos tiempos modernos, cotizaba la mitad de lo que trabajaba.

Diminutas gotas de agua del alba, tenía una amiga intima, era una gata muy gatuna, que vivía y merodeaba por los tejados del midtown de Manhattan.

El tiempo libre que tenía, lo dedicaba a ser buena hija y a salir a andar por Manhattan con su amiga gata, que, a pesar de tener un nombre muy largo, ella lo llamaba Gracias las que usted me hace. Ellas dos hablaban de muchas cosas, y la gata, le enseñaba las estrellas que había en el cielo y le mostraba Manhattan, tal como ella lo veía.

Diminutas gotas de agua del alba, se llevaba muy bien con su pequeño circulo de P.M.A.M., es decir, personas allegadas a mi.  Diminutas gotas de agua del alba, consideraba a su amiga, Gracias las que usted me hace, una autentica filosofa y consejera, aunque no era así. A Diminutas gotas de agua del alba y Gracias las que usted me hace, le gustaban las mismas cosas y, por eso, pasaban mucho tiempo juntas.

El lobo feroz, era un gran trabajador y hacía trabajar mucho a Diminutas gotas de agua del alba, que cada vez tenía más responsabilidades. Incluso, iban un par de días a Connecticut.

Un día, Diminutas gotas de agua del alba dijo: " ¡Necesito un espacio! A lo que el lobo le respondió: "¡Tonterias! Necesitas salsa, quizás deberías ir a bailar..." y ella contestó: "No, gracias" y salió de trabajar cabizbaja.

Cuando la madre, la señora Bufala, la vió, supo que algo le pasaba y, en seguida, le preguntó que le ocurria. "Creo que necesito un espacio" dijo, la madre la miró decepcionada y le dijo "¡Bahh! lo que necesitas es unas zapatillas de deporte".

Salió a la calle y se encontró un conejo que gritaba "¿Dondé esta mi zanahora?". Ella había visto muchas veces al conejo y siempre hacía lo mismo. Pero ese día, se paró para ayudarlo y así, olvidarse de la cuestión que ocupaba su cabeza. Así que se paró y le preguntó "¿Puedo ayudarte?" Entonces el conejo solto un alarido, abrazo a la niña y grito: "¡He encontrado mi zanahoria!

Entonces, le contó a el su preocupación y éste le dijo "¡No! Tu necesitas amor". Ella se enfado, aunque solo un poco. Y pensó "Tengo que contarselo a mi gatira! Y se acercó a su amiga en el Rockefeller center, y la gata se puso a ronronear por sus pies.

Fueron juntas al Empire State y desde el mirador, Diminutas gotas de agua del alba le contó a su pesar, finalmente, y despues de pensarlo un rato dijo: "¡¡¡Bah!!! No necesitas salsa, porque ya tienes bastante ajetreo; ni zapatillas, si tú no corres; ni amor, porque ya tienes el corazón del conejo. Tú necesitas espacio, pero no tienes que buscar mucho, porque tu espacio, está en ti misma, aprovéchalo y disfrutalo, no todos lo encuentran y, los que así lo hacen, no todos lo disfrutan.

Anduvierón un rato, y se despidieron en Times square, con sólo un adiós y sus corazones llenos.

Dedicada a la buscadora de espacios, para que, no sólo pueda encontrarlo y disfrutarlo, sino que también pueda transmitirselo a los demás.

Besos, aunque sean pocos.

P.D.: Gracias por inspirarme. Dedicado a ti, tormento de mi tormentos, rocío de las buenas mañanas, oreja de las malas tardes, confidente de noche y estilográfica de mis medianoches.



viernes, 3 de junio de 2011

Con ojos de niño

Clara era una niña que vivía en un barrio humilde de una ciudad cualquiera, su casa era muy pequeña y, en ella, vivían sus padres, su abuela materna y su hermano pequeño, que siempre estaba en la cuna o en los brazos de mamá.

Su abuela Catalina, siempre le estaba contando cuentos, ya que le hacía sentir rejuvenecer su vieja memoria, aunque a su hija, la mamá de Clara, no le gustaba que le llenarán la cabeza de cuentos, "que ya tiene demasiada fantasía en la cabeza" decía ella. Pero a Clara le gustaban esas historias, muchas de ellas, inventadas por su abuela. Les gustaba tanto, que se levantaba y se iba a la cama con los cuentos que le contaba Catalina.

Los niños de la escuela, jugaban siempre a ser mayores, sin embargo, ella jugaba a las historias de la abuela. Clara no tenía muchos amigos en el colegio, e incluso, había un grupo que, en algunas ocasiones, le habían pegado, Clara los rehusaba y nunca se lo dijo a nadie.

Coral, la mamá de Clara, trabajaba en casa ya que "con cuidar a los dos niños, una anciana y la casa, no es poco trabajo" decía siempre Coral a su marido.

El papá de Clara, Sebastián, trabajaba en "la industria", eso le decía a Clara, cuando ella le preguntaba por su trabajo y, acto seguido, siempre le seguía un batiburrillo de preguntas, a lo que el le decía, mirándola con ojos de asombro, "hay que ver, ¡qué cosas tiene esta cría!" y se reía, con una risa tan franca, de alguien que no frecuentaba reírse, pero cuando lo hacía, contagiaba a todos en la casa.

Claro no tenía amigas en el barrio y, ésto, preocupaba en exceso a su madre, hoy al ir a recoger a Clara, hablaría con la maestra, que siempre terminaba diciendo "su hija va bien, pero se aburre pronto, no mantiene la atención...".

Ese día tendrían una sorpresa, cuando llegarán a su casa, Sebastián había llegado más apesadumbrado que de costumbre. Coral percibió que algo pasaba, pero esperó a que él estuviera preparado para contárselo. "La empresa va abrir un ERE...", "los últimos trabajadores que han entrado van al paro...".


En ese instante, Clara tiró del pantalón del padre y le preguntó "¿dondé esta el paro, papá?, "es donde van los papás que no tienen trabajo, nenita" le dijo, mientras la madre se lamentaba.

- No te preocupes mujer, buscaré otra cosa, ya veras que pronto se soluciona todo.

-Papá, ¿qué es un ERE? ¿Para que sirve?

- Es una cosa que hacen las empresas que no tienen dinero y no pueden seguir pagando a sus trabajadores.

Clara supo enseguida, que aquello era algo muy triste, por la reacción de su mamá y también aprendió otras palabra, como INEM, PRESTACIÓN, CURRICULUM, etc...

Al día siguiente, en el recreo, al entender un poco más las cosas de los mayores, jugaría con los niños al juego de "ser mayor", tambien era su intención investigar lo que sus compañeros sabían de sus papás.

Empezó el juego y se dividieron los roles, unos hacía de médicos y pacientes, otros a papás y mamás y otros a ir a trabajar.

- Yo trabajo en la fábrica, me voy a trabajar- dijo el niño rubio que estaba al lado de Clara. Ella lo miró detenidamente y le dijo: "¿A dónde vas, si hay un ERE? ¿o vas al paro o te prejubilan? ¡No lo sabes!

El niño la miró absorto, intentando descifrar que era ese trabalenguas que había dicho, cuando Clara le volvio a increpar, "Pues vete y habla con los SINDICATOS".

Los niños a su alrededor empezarón a reirse y ella comprendión que no habían entendido nada y mientras se alejaba, para jugar ella sola, como todos los días, se giró y gritó: "NO SABEIS NADAAA!





jueves, 19 de mayo de 2011

La joven y las estrellas

Erase una vez, una muchacha tímida y recelosa del mundo que vivía en una pequeña ciudad costera. Todos los días, hacía las mismas cosas: se levantaba, desayunaba, hacia la cama , recogía la casa y salía a la calle. Paseaba por las calles peatonales y después de un corto paseo, se dirigía a comprar, unos días iba al mercado, a comprar fruta y verdura fresca y otros visitaba un supermercado, los menos.

Vigilante estricta de cumplir la rutina diaria que se marcaba, llegaba de la calle y preparaba la comida. Acto seguido, comía, recogía, fregaba, se duchaba y se iba a trabajar. Así, un día y otro, pasando los días hasta que llegaba su momento favorito, la noche del viernes, justo después de salir cansadísima del trabajo.

Normalmente iba a su trabajo andando, debido a la cercanía, pero los viernes, se llevaba el coche. El cual, preparaba con esmero, guardando en el maletero, toda clase de cachivaches.

El viernes por la tarde, era para ella sola, bueno, cualquier cosa que hiciera cualquier día, era sólo para ella, ya que estaba en la vida sola, sin familia, ya que hacía mucho que era huérfana, tampoco tenía amigos, conocidos ni pareja. Pero esa noche, ella sentía que era para ella, porque hacía lo que más le gustaba.

Salía del trabajo y se alejaba unos pocos kilómetros del casco urbano, donde ella residía, aparcaba el coche en el arcén de una carretera muy poco transitada, sacaba las cosas del maletero, por lo general, solía ser : una mochila, y una nevera portátil.

Cerraba el coche y se aseguraba que lo había cerrado, encendía la linterna que había sacado antes de la guantera y  se dirigía por un camino, a través del bosque de pinos, que muy pocos conocían. Andaba unos 800 metros y al terminar dicho camino, comenzaba una playa virgen que muy pocos conocían, y los que sí lo sabían, nunca se encontraban allí los viernes a esa hora.

Abría la mochila y sacaba algunas cosas de su interior, lo primero era, unas sábanas viejas que extendía sobre la finísima arena, se quitaba los zapatos y sacaba un par de mantas, porque, a pesar de no ser ya invierno, todavía hacía un poco de frío.

Acto seguido, abría la nervera y sacaba una fiambrera que siempre lleva una jugosa tortilla de patatas, servilletas, cubiertos, vasos y una botella de agua mineral con gas. E iluminada solamente con la linterna, comía, tan sola como siempre, aunque en ese lugar, nunca se sentía sola.

Una vez terminada la cena y recogido todos los enseres en la nervera portátil, apagaba la linterna y se quedaba un rato acostada boca arriba, mientras los ojos se acostumbraban a la oscuridad reinante en la playa.

Después de un rato, se coloca una linterna frontal, que cuando se enciende, genera una débil luz roja. Saca un cuaderno y un par de objetos más, los cuales, mira detalladamente mientras los manipula.

A partir de ese momento, ya no está sola, sino rodeada por estrellas que brillan, a saber de donde y cuando. Mira al cielo y dislumbra la osa mayor, apunta en su cuaderno unas notas, es fácil encontrar la osa menor, partiendo de la mayor. Antes de buscar más constelaciones de forma ordenada y organizada, prefiere improvisar y mirar al cielo buscando las constelaciones más fáciles de ver, como la cabeza del dragón, el cinturón de Orión, casiopea, cefeo....

Después coge los prismáticos y se dedica a observar la cúpula celeste palmo a palmo, tomar notas, mirar, volver a mirar, mientras en su cabeza se amontonan las historias que encierran las estrellas, historias de dioses humanizados, héroes, cazadores, ninfas, etc..

Se esta haciendo tarde, a perdido la noción del tiempo y empieza a sentir frío. Antes de levantarse, saca un termo y un vaso y se toma una leche calentita que le hace entrar en calor. Recoge rápido y se encamina por el bosque, precedida del haz de luz de su linterna.

Se vuelve a mirar atrás y concibe un deseo, es sólo un momento pero es, entonces, cuando desea tener a alguien con quien compartir ese tiempo en la playa, contarle las historias de las estrellas y hablar con susurros a ritmo del vaivén de las olas. Mira al cielo, como si les dijera a las estrellas, sólo os tengo a vosotras,  y se adentra por el sendero a través de los pinos. Vuelve a sus rutinas, su vida y su soledad.